Vamos a un ejemplo. ¿Recuerdan cuando se debatió en la cámara de diputados la famosa ley ómnibus del blanqueo – reparación histórica de jubilados? Bien. Allí, en el recinto, se llegó a un acuerdo entre la camuflada oposición y los diputados de EMPEOREMOS. Se pusieron de acuerdo para darle el voto a la ley a condición de que se eliminara el artículo que posibilitaba a los familiares de los funcionarios blanquear capitales. EMPEOREMOS aceptó y el proyecto se transformó en ley.

Su puesta en escena fue tan buena que los diputados camuflados de opositores y los de EMPEOREMOS hacían alardes del grado de entendimiento y diálogo desarrollado en el prestigioso recinto de la Cámara de Diputados de la Nación. Incluso los medios de información colaboracionistas se encargaron de esparcir el “logro democrático” por todos lados. Sin embargo los hechos cuentan que días después nuestro presidente Mauricio Macri, dando muestras de esta imposibilidad de escuchar, firmó un decreto de necesidad y urgencia modificando el artículo tan debatido en el congreso y posibilitó que sus familiares (y los familiares de otros miembros de la coalición gobernante) puedan blanquear. Lo paradójico es que muchos de los diputados que no fueron escuchados, no protestaron por el hecho.

Otro ejemplo de esta falta de sensibilidad lo encontramos cuando en el marco del debate por la reforma jubilatoria, los funcionarios de EMPEOREMOS sostenían que el haber jubilatorio no sería afectado por el cambio de la fórmula de ajuste. El mismo Pablo Tonelli sostuvo que “los jubilados iban a perder plata pero no poder adquisitivo”.

¿Será que en el universo de estos seres uno puede perder plata y no poder adquisitivo? Aquí, en el planeta que habitamos, los jubilados pierden plata (porque el cambio de fórmula los perjudica) y poder adquisitivo: pues no solo suben los alimentos, también se van por el ascensor los precios de los medicamentos (si tienes plata para comprarlos vives, de lo contario mueres)