EMPEOREMOS ha decidido ignorar un acuerdo político y social que atravesó a todos los gobiernos de distintos partidos políticos desde 1983 a la fecha (Raúl Alfonsín, Carlos Saúl Menem, Fernando De La Rúa, Néstor Kirchner y Cristina Fernández) el cual sostiene categóricamente que los militares no tienen lugar en asuntos internos y que a ellos le corresponde la defensa del país ante la agresión externa.

Pero según EMPEOREMOS las fuerzas armadas deben ocuparse del narcotráfico y el terrorismo. Esta creencia responde al discurso “pica-sesos” de Estados Unidos, país abanderado en “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. Cualquiera sabe que las fuerzas armadas estadounidenses no intervienen en asuntos de droga ni de terrorismo interno.

Para controlar las drogas tiene a la DEA, que a la fecha no ha obtenido grandes resultados en el control del tráfico de estupefacientes y sustancias controladas. La población norteamericana tiene el mayor número de muertos por su consumo: 245.8 muertes por millón de habitantes (esta información fue publicada por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en su informe mundial sobre drogas correspondiente al año 2017).

Por lo tanto no se entiende a EMPEOREMOS y su obsesión de que las fuerzas armadas luchen contra el narcotráfico recibiendo asesoramiento del país con mayor cantidad de muertos por su consumo. ¿No será momento de pensar cuál es el trasfondo que hace que una persona consuma drogas hasta morirse, ¿La sociedad en que vivimos tendrá algo que ver? ¿No se podrá cambiar?

El periodista Walter C. Medina, en la página nueva tribuna.es, escribe: “Mientras el gobierno argentino celebra la instalación de una “task forcé” (fuerza operativa) de la Agencia Antidrogas (DEA) en la frontera norte del país, en Estados Unidos la epidemia de opiáceos y heroína se cobra una vida cada 15 minutos. Según la Ministra de Seguridad argentina, Patricia Bullrich, “Estados Unidos es una potencia que sabe cómo controlar y combatir el narcotráfico”. Sin embargo las evidencias demuestran todo lo contrario; o al menos indican que la lucha contra la comercialización y consumo de sustancias tóxicas en EE UU no sólo ha resultado infructuosa, sino que no ha podido evitar que el país se encuentre sumergido en una epidemia que deja más muertes que las producidas en las guerras de Vietnam e Irak juntas.”

El 8A y un senado sordo
Escuelas en peligro
¡Gloria!