Hace un mes murió quemado y baleado el campesino Héctor Reyes Corvalán en Santiago del Estero.  A las Fuerzas policiales que se encontraban al mando de un oficial de justicia le debemos tremendo acto de brutalidad.

Por otro lado se cumplió un año del asesinato por la espalda de Rafael Nahuel. Durante la marcha convocada por familiares y amigos (que valga la redundancia fue nuevamente reprimida por las fuerzas policiales) Graciela Salvo, mamá de Nahuel, expresó:  “Me preocupa que el juez vuelva a realizar pericias, cuando sabemos muy bien que la bala que sacaron del cuerpo de Rafael es del arma que disparó el prefecto Pintos”.

Si incluimos a Santiago Maldonado, todas las muertes tienen un denominador común: la lucha por la tierra. Algunos luchan por la tierra de sus ancestros, otros luchan por un pedazo de tierra donde vivir, otros defienden sus tierras ante los intentos de arrebato por parte de personas inescrupulosas, otros quieren la tierra para hacer negocios y maximizar ganancias.  ¿Será casualidad que el poder judicial siempre falla a favor de los que más dinero tienen?

En este marco también se entiende toda la movida de los juegos olímpicos en la Ciudad Autónoma y el traslado del CENARD: los terrenos de lo que fue el tiro federal se vendieron y el comprador es la familia del presidente del Comité Olímpico Gerardo Werthein, (que casualidad, ¿no?) Piensan construir torres y centros comerciales. Construirán departamentos estimados en un valor de siete mil dólares el metro cuadrado ¿Para quién? El alcalde de la ciudad hizo modificar el código de construcción no para resolver el problema habitacional sino para hacer negocios inmobiliarios.

En medio de éste mapa tan trágico el no poder jugar la final de futbol de un torneo internacional termina siendo el menor de los problemas que tenemos, si entendemos que paralelamente aflora el desprecio por la vida huma, el desinterés por la vida del otro.

Las cárceles de la miseria

Frente a la movilización, balas de plomo y represión