Tener una visión integral y completa de la economía es importante para diagnosticar posibles desbalances antes de que ocurran y lograr soluciones anticipadas mediante la política. Las personas, sobre todo los economistas, se concentran en diferentes teorías, modelos y corrientes económicas que actúan como “lentes” para comprender mejor el comportamiento de la economía y sus agentes, para de esa manera, poder predecir sus auges y caídas.

Desde la economía se desprenden diferentes corrientes, las cuales implementan diferentes modelos y utilizan diferentes teorías para entender mejor el funcionamiento de los ciclos económicos. Aunque dichas corrientes tengan el mismo objeto de estudio, la forma de valorar la producción, las relaciones intrapersonales y el rol que debe cumplir el mercado en la economía son diferentes entre ellas.

La teoría económica se desprende de la filosofía, de la ética y de la moral, adquiriendo un pensamiento autónomo sobre fines del siglo XVIII europeo. Muy al estilo de la Europa de los siglos de la ilustración y del modernismo intenta, en forma muchas veces desesperada, parecerse a las ciencias físicas o químicas, prescribiendo leyes con pretendida “verdad” atemporal y universal, o mejor dicho, mundial. La validez de sus afirmaciones al ser atemporales y mundiales se impone históricamente sobre las colonias obligando a estas a adoptar interpretaciones que no dan cuenta de su propia realidad, de su propio devenir histórico. Esta desvinculación es uno de los principales efectos de la relación entre sistema mundo – colonialidad, donde las “ideas” no coinciden con la realidad.

En los debates de la situación argentina actual como también latinoamericana (véase el discurso de asunción de López Obrador1 en México o de García Linera2 en CLACSO) hay varias cuestiones que encuadran dentro de este divorcio que podrían clasificarse en dos corrientes principales: la ortodoxa, por un lado, y una segunda que podríamos llamar, a falta de mejor nombre, populismo progresista europeo. Si estamos en los cierto, la mirada de los problemas económicos desde la concepción de la colonialidad y desde el sistema mundo no pueden ser tan sólo económicos sino también de poder, es decir, problemas políticos.

PERSPECTIVA ECÓNOMICA DESDE LA TEORIA DOMINANTE

Comencemos por el pensamiento dominante, la ortodoxia, base de las ideas neoliberales. Para nuestros países el punto central donde se articula toda la interpretación y por tanto el diagnóstico es en una afirmación aparentemente técnica y que como tal aparece como una verdad evidente y que dice: “El que tiene déficit de cuenta corriente (externa) está gastando demás. La Argentina tuvo en 2017 un déficit de 31.000 millones de dólares, 5% del PIB” (Arriazu, reportaje en la Nación del 2012). La consecuencia lógica para la política económica es que se debe reducir lo que los argentinos gastamos. Y en eso está el actual programa económico FMI - Cambiemos. Es decir, como estamos consumiendo de más de lo que producimos, en especial a causa del excesivo gasto público, las exportaciones no proveen los suficientes ingresos en divisas como para pagar todos los gastos efectuados en el resto del mundo. ¿Qué son esos gastos? Pueden clasificarse en 4 grandes rubros:

  1. Por importaciones de mercancías, por servicios reales (comprende: turismo al exterior, por pago de fletes relativos al comercio internacional, por pago de regalías sobre patentes de empresas del exterior),
  2. por servicios financieros de empresas privadas (el pago de dividendos y utilidades de empresas multinacionales radicadas en la Argentina,
  3. por el pago de intereses de los préstamos tomados por empresas privadas)
  4. y por le pago de intereses por la deuda externa pública.

Elaboración de Flavia Toscano con datos del INDEC.

Elaboración de Flavia Toscano con datos del INDEC.

Dejemos de lado por un momento el tema de la deuda externa pública para observar la influencia de las otras causales. Supongamos además que las exportaciones alcanzan para pagar la totalidad de las importaciones requeridas por el aparato productivo nacional. Supongamos también que el turismo con políticas adecuadas pueda balancearse entre el emisivo y el receptivo. Nos queda como problema los fletes de los servicios reales y los financieros privados. Los fletes son parte del costo de las actividades comerciales con el exterior de modo que a menos que podamos tener una flota nacional deberemos hacernos cargo del pago tanto para las exportaciones como para las importaciones. Como el pago es en divisas debemos exportar más de lo que se importa para pagar dicho gasto.

Centremos ahora la cuestión en los servicios financieros privados: las utilidades y los intereses son parte del costo de producción de las empresas, de modo que están incluido en los precios. Pero las compañías recaudan esos importes en pesos y deben ser transformados en dólares. ¿De dónde salen los dólares? Necesariamente de exportar más de lo que se importa. Entonces la afirmación de que un déficit en cuenta corriente significa que se gasta más de lo que se produce debe ser modificada del siguiente modo:

“El país no puede importar todo lo que exporta porque tiene que pagar utilidades e intereses al exterior. Por tanto, la contrapartida del excedente de las exportaciones son utilidades e intereses de las empresas privadas, el Estado no exporta, afectando la distribución del ingreso haciéndola más inequitativa.”

En resumen, aumentar el excedente de exportaciones sobre importaciones empeora el nivel de vida de los argentinos y no mejora estructuralmente el funcionamiento de la economía, aún si el sector público no estuviese endeudado. Si le sumamos el pago de los intereses por la deuda (suponiendo la renovación del capital prestado) el empeoramiento es mayor, porque los dueños de las divisas son las empresas y el Estado tiene que comprárselas, para lo cual tiene que tener los pesos para hacerlo y el gasto se torna excesivo aún en equilibrio.

UNA ALTERNATIVA A LA PERSPECTIVA CLÁSICA

Veamos ahora la segunda corriente. En general abreva en una visión semi keynesiana, focalizándose en objetivos valiosos para un enfoque desde lo popular tendiente a mejorar la equidad y la inclusión de sectores postergados y oprimidos. La misma visión keynesiana se traduce en centrar el problema económico en la escasa dimensión del mercado interno producto de las políticas “neoliberales” favorecedoras de un sesgo pro beneficio, niveles de empleo bajo y discriminación hacia las Pymes que sostienen son las generadoras de la mayor parte del empleo. De este modo se emplean políticas de expansión de demanda vía programas sociales, inversión pública, crediticios y de crecimiento del salario real en base a la productividad.

Ahora bien, analicemos el diagnóstico y sus políticas económicas. La primera pregunta que tendríamos que hacernos es:

¿De qué depende la expansión del mercado interno? O si se quiere, ¿cuál es la restricción que sufre el mercado interno?

En los países de herencia colonial, que desde finales del siglo XIX fueron incorporados como apéndices del mercado mundial dominado por los países centrales (Inglaterra, Francia y EEUU desde mediados del siglo XX) su talón de Aquiles está en la demanda que el mercado mundial pueda otorgarles. En efecto, la expansión del mercado interno viene acompañada de requerimientos directos e indirectos de insumos del exterior, de igual forma que una expansión de las inversiones requiere importaciones de bienes de capital para aumentar la capacidad instalada de producción. Por tanto, para sostener el crecimiento es menester que la tasa de crecimiento de las exportaciones equivalga al crecimiento necesario de las importaciones. Este “cuello de botella” se soluciona muchas veces contrayendo deuda en divisas, no tanto por el eventual déficit público sino por las necesidades de divisas o bien por inversión extranjera directa (IED). Sus consecuencias afectan también al sistema monetario basado en una heteronomía donde la moneda nacional subsiste a la sombra del “dólar”. En consecuencia, el aumento de los ingresos de las personas y sobre todo de la masa de ganancias en una economía concentrada fuertemente dominada por las Empresas Multinacionales, produce una demanda adicional de divisas que se giran a las casas matrices y a los accionistas del exterior y para ahorro de las personas. Es decir, no tienden a ser inversiones en la economía nacional que además de expandir la capacidad de producción y el empleo, mejorar la productividad y el desempeño exportador.

La segunda pregunta es:

¿Cuál es la política económica bajo ese carácter estructural?

Esta pregunta no puede responderse sino desde un punto de partida histórico, en dos planos: el carácter periférico de nuestras economías y la consideración del sistema mundo capitalista. Para ello los señalamientos que hicieron Keynes en el siglo XX y Belgrano en el XIX nos parecen adecuados para reflejar la respuesta a la pregunta.

En setiembre de 1931, Keynes escribía en relación con el proyecto de ley de Economía del gobierno inglés de aquellos entonces: “(…) el programa de gobierno es tan estúpido como erróneo. Su efecto directo sobre el empleo ha de ser desastroso. Puede predecirse con seguridad que aumentará el volumen de desempleo en más de un 10%...” y agregaba más adelante: “(…) representa una reversión excesiva de todos los intentos parciales que se han hecho hasta ahora para mitigar las consecuencias del colapso de la inversión privada; y es un triunfo de la llamada “opinión del Tesoro” en su forma más extrema. No sólo se recorta el poder adquisitivo, sino que se reduce la construcción de carreteras, edificios, y cosas por el estilo. Si al aceptarse la teoría que subyace a todo esto, al final no podrá emplearse a nadie, excepto aquello seres felices que cultiven sus propias patatas, como el resultado del rechazo por parte de cada uno de nosotros (…) de adquirir servicios de nadie.” En buen romance, en condiciones de reducción de la actividad económica continuar reduciendo la demanda agudiza el problema. Esto es bien conocido, aunque no siempre bien adaptado a nuestras circunstancias de país periférico.

Sin embargo, Keynes no se queda en ese punto. En el párrafo inmediato siguiente señala: “Finalmente el problema de la balanza comercial (saldo de exportaciones menos importaciones), que, después de todo, es el punto principal de todo cuanto tiene que ver con la situación de emergencia3”. Nuevamente, la situación de Gran Bretaña para 1931, el eje principal de su crisis estaba en la balanza comercial.4 Pero añade inmediatamente, los costos de producción se han dejado sin variar. La reducción de salario de los maestros y de los empleados públicos en general es “lo que es más inútil reducir en beneficio del comercio de exportación”. Pero, “Se nos ha dicho que constituye un proceso de intenciones de ver en todo esto un preludio para un ataque general a los salarios. (…)” y “no puede tener otra significación que esta”. Pero, además, “elevan el costo de producción, a saber, la cuota del seguro de los empleados, que es en efecto, un impuesto” sobre los ocupados. Y finalmente concluye que un plan de esta naturaleza sólo puede ayudar al equilibrio de las cuentas comerciales externas por dos vías: “siempre que alguien es despedido o se ve empobrecido de otra manera, por fuerza ha de consumir menos. La mayor parte de esta reducción de consumo ocasionará sencillamente pérdidas económicas y desempleo (…), “alguna parte tal vez un quinto, repercutirá en las importaciones y será a su costa” del pueblo trabajador. “La otra manera es aumentando el volumen de desempleo (…) dado que esto puede aumentar un poco la oportunidad de que se acepten reducciones de salarios. Las economías realizadas en el déficit fiscal no pueden tener otro sentido que el de liberar recursos. Una pequeña parte (…) aliviará la balanza comercial. El resto serán recursos de plantas de producción y trabajo” desempleados “de los que ya tenemos un excedente fuera de uso.

También en setiembre, pero de 1810, Don Manuel Belgrano, escribía lo que denominaba una máxima fundamental del comercio: “(...)es necesario distinguir la ganancia del estado de la del mercader. Si el mercader introduce en su país mercancías extranjeras que perjudiquen el consumo de las manufacturas nacionales, es constante que el mercader ganará sobre la venta (…) pero el estado perderá primero el valor de lo que ellas han costado en el extranjero; segundo, los salarios que el empleo de las mercancías nacionales habría procurado a diversos obreros; tercero, el valor que las materias primas habría producido a las tierra del país (…); cuarto, el beneficio de la circulación de estos valores, es decir, la seguridad que ella habría repartido por los consumos sobre diversos otros objetos”, es decir la noción de un efecto multiplicador en ¡1810!; “quinto los recursos que el príncipe tiene derecho a exigir de la seguridad de sus súbditos”. Esta distinción entre la ganancia del mercader y la ganancia del estado es la misma que señala Keynes 121 años después.

Sin embargo, Belgrano agrega más adelante: “La ganancia que el mercader hace sobre las otras materias es absolutamente indiferente al estado, pero esta ganancia no le es indiferente cuando aumenta la deuda con los extranjeros, de modo que resulte darse valor a otras empresas lucrativas a la sociedad”. Exponiendo a continuación 9 principios para juzgar la utilidad o la desventaja de las operaciones de comercio para la nación:

  1. “exportación de lo superfluo es la ganancia más clara”,
  2. “el modo más ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra es ponerlas antes en obra o manufacturas”;
  3. “la importación de materias extranjeras para emplearse en manufacturas (en lugar de importarlas manufacturadas) ahorra mucho dinero y proporciona (empleo)”;
  4. el cambio de mercancías contra mercancías es ventajoso en general (…);
  5. la importación de mercancías que impiden el consumo de las del país o que perjudican el progreso de sus manufacturas y de su cultivo lleva tras de sí necesariamente la ruina de la nación;
  6. la importación de mercaderías extranjeras de puro lujo en cambio de dinero, cuando este no es fruto del país, como es el nuestro, es una verdadera pérdida para el estado;
  7. la importación de cosas de absoluta necesidad no puede estimarse un mal, pero no deja de ser un motivo de empobrecimiento de una nación;
  8. la importación de mercaderías extranjeras para volverlas a exportar en seguida procura un beneficio real;
  9. es un comercio ventajoso dar bajeles (barcos) a flete a las otras naciones.”

Este reconocimiento histórico y estructural es bien recogido por la hipótesis de Diamand5 de la estructura productiva desequilibrada (EPD). La pregunta

¿Cuándo aparece el problema externo en las economías?

Y la respuesta no puede ser unívoca. El sistema mundo se conforma con un centro y una periferia, si bien con una dinámica que altera los lugares del centro y recíprocamente también los de la periferia. Así en el caso de los países centrales, la evolución de los últimos dos siglos responde a un cambio de hegemonía del sistema mundo de la GB a los EEUU, para el caso de los países de la periferia es preciso distinguir Asia de África, Medio Oriente y AL.

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Referencias:

1. Es un político, politólogo y escritor mexicano. Es presidente de México desde el 1 de diciembre de 2018.
2. Es un político boliviano, vicepresidente de los tres gobiernos de Evo Morales en Bolivia.
3. Énfasis nuestro. Keynes, J. M. (1988) Ensayos de Persuasión, Ediciones Folio, Barcelona, Tomo 1, pag.153 y 154
4. GB había abandonado el patrón oro por ese año.
5. Fue un ingeniero y empresario que marcó tendencia en el pensamiento económico nacional a partir de la publicación en 1972 del libro “La estructura productiva desequilibrada de la Argentina y el tipo de cambio.”