Hace unas semanas venimos compartiendo parte de la producción textual de Rodolfo Kusch, sistematizada en su libro “Indios porteños y dioses”. Aquí, para cerrar la serie de textos del libro, compartimos algunos fragmentos del epílogo “En suma, nada más que una clase media”

Como sostiene Kush “Lo americano no es una cosa, es simplemente la consecuencia de una profunda decisión por lo americano entendido como un despiadado aquí y ahora, y por ende como un enfrentamiento absoluto consigo mismo” . Los viajes al altiplano le demuestran a Rodolfo que ese despiadado aquí y ahora se expresa allí con toda su potencia. Cuestión que lo lleva a la búsqueda permanente de un pensar y una práctica política autóctona, que de cuenta de la profundidad y la complejidad con la que está hecha este nuestro suelo Latinoamericano.

En suma nada más que una clase media (fragmentos)

 “Y es que en América no nos podemos limitar cómodamente a aplicar doctrinas. Ella exige ante todo una doctrina que no sólo contemple la necesidad de una transformación de las estructuras sociales y políticas o económicas, sino que también incluya la peculiar manera de ver y de sentir al hombre que alienta en el indio y el mestizo, eso que llamé en otra oportunidad el estar...”

“En suma, nosotros, como clase media, sometida místicamente a un gran plan, el de la burguesía europea de los últimos doscientos años, herederos de los objetos industriales, imbuidos de esa rara sencillez, como de regla de tres simple con que resolvemos todos los problemas y corregimos siempre al mundo,tensos en medio de una oligarquía ganadera y un proletariado mestizo dentro de una ciudad amurallada, sin tiempo para mirar por lo que esta más allá de la muralla, ni lo que está adentro de nosotros, sin una real finalidad en nuestras vidas fuera de esas etiquetas políticas que nos adosamos, o de las cositas que compramos, individualistas acérrimos, aun cuando entramos en un partido de izquierda...”

“Realmente ¿Cuando comprenderemos que la clave no está en arreglar América, sino en someternos a ella, adquirir el plan de vida que le es implícito? Claro que para ello será preciso que recobremos una idea más profunda del hombre, y no continuemos en ese juego gratuito de repetir, marxistas y democráticos, los pre-conceptos de una cultura burguesa occidental, como si estuviéramos dando la lección prolijamente en la escuela.”

“Es que tenemos un profundo miedo de apartarnos del gran plan. Del otro lado siempre se da el demonio, algo así como la anti-materia física, algo que nos pudiera hacer zozobrar y que denominamos, un poco tapándonos las narices: peronismo, “cabecitas negras”, montonera, indios, villas miserias, lumpen o lo que fuera. Pero todo ello no es otra cosa que algo que no cumple el plan, solo porque tiene ya el suyo propio.”

“Porque ¿Qué pasaría si aceptáramo sin más eso que América trae consigo en su plan en materia política o económica? Ya dijimos que lo peculiar de América, eso que yace en lo más hondo de ella, es su profundo estar, algo así como un dejarse estar...”

“Y es más. Ese mero estar de América implica soluciones políticas y económicas contrarias, como comunidad, y economía del amparo en oposición a una economía liberal del desamparo; además, una libertad que solo se concreta al hecho moral de optar por el bien o el mal, y esa profunda escasez que apunta hacia una ausencia de la propiedad o, más bien, a una indiferencia por parte del indio o del campesino mestizo de lograrla con su propio esfuerzo.”

“¿Y vamos a asumir esa característica ya a hacerla propia? ¿Quién sacrificaría sin más eso de que está hecho en la gran ciudad y sustituye la sociedad civil, en la cual todos hacen lo que quieren y pueden guiarse por sus propios intereses, por la comunidad en la cual todo está reglamentado? ¿Quien remplaza además el individuo por la totalidad, la libertad de tener propiedades por la libertad moral, la inteligencia por la simple fe?”

“Realmente ya nadie nos podrá convencer de que somos apenas una clase media ingrávida derivada de la inmigración, que asumimos un estilo internacional de vida, con una concepción del mundo que deriva del quinto año nacional y concuerda con el estilo de vida de una burguesía francesa desaparecida hace cien años, con partidos sin consistencia, índice de la desorientación y la desubicación en un país que nos rechaza; y que apenas logra la única forma de gravidez y de arraigo en esa mísera psicología del terrenito propio conseguido con sacrificio de toda una vida, siempre conseguido al final, junto con la jubilación, como una dádiva, al cabo de muchos años de sacrificio y de hacer contribuido como consumidor y productor a un quehacer nacional encarado como empresa comercial. Una dádiva puesta cerca de la muerte, en nombre de la cual hemos votado libremente, hemos ejercido la libertad de decir y hablar, hemos escrito y hecho y conseguido el éxito, pero siempre que hayamos coincidido con los más poderosos. Realmente es como si nos hubiesen puesto una zanahoria, la propiedad,delante de nuestras narices de burro a fin de hacernos caminar y dándonos de comer recién cuando ya no rendimos más. Somos apenas el medio que sirve para dinamizar la sociedad civil.”

“Si con los dioses, el alimento había sido una cuestión colectiva, hoy se ha hecho individual. Si antes era secundaria hoy es primordial. Es más, hoy transferimos a las cosas que debemos comprar y que nos deben rodear, una responsabilidad que antes se mantenía entre el creyente y los dioses. Hoy cada uno se mata para comer, mientras que antes se comía en todo caso para matar. Era mejor así. En el lapso que transcurrió hemos perdido la libertad de ganarnos a nosotros, por la libertad de votar o de opinar. No es mucha la ganancia si sólo debo votar para comer. Al fin era mejor cuando había dioses, porque nos daban de comer sin votar. Pero si no somos tan libres ni tan fuertes, ¿de qué nos vale esta libertad de ser en Buenos Aires inteligentes o estúpidos, burgueses afanosos o bohemios, ricos o pobres, creyentes o ateos, dulces o ásperos, feos o lindos, comunistas o democráticos? ¿Sólo para pensar cómo y cuándo debo comer, o cuándo me darán el terreno prometido?”