Texto: Mario Cura
Ilustraciones: Carlos Perez Turco

Una mañana llegó a mi correo una propuesta: escribir una nota para el foro de pensamiento crítico. Sin temática pre-determinada. Inmediatamente pensé reflexionar en torno a todo lo que nos atraviesa en estos días de aislamiento.

Muchas ideas daban vueltas pero ninguna se materializaba. Recordé algo interesante que había leído de un filósofo sobre el tema, entonces se me ocurrió que lo podía re-elaborar y publicarlo. Después me pareció poco auténtico. Lo mismo me paso con otras notas de historiadores, sociólogos y librepensadores varios. Me parecía que tenía que expresarme desde otra perspectiva: la del dramaturgo, es decir la del artista.

Estando en medio del "baile pandémico" nada fluía en mi, estaba confuso, a veces ausente, otras con tantas cosas que decir pero sin poder escribirlas. Al parecer era necesario dejar madurar las ideas hasta que ellas me den señales para bajarlas al papel. Pasaban los días y nada aparecía, hasta de pronto llegó a mi memoria un recuerdo: un texto propio, de una obra teatral que escribí hace diez años.

El texto resonó fuerte en mi y me pareció bueno compartirlo así, sin ningún agregado.

Es el monólogo de una mujer que, en el borde la cornisa de un edificio abandonado en medio de la ciudad, desiste de arrojarse.

Sin más preámbulos aquí va:

ELLA

Ella, después de mucho andar por lugares que tanto quiso y ahora ya no reconoce, cree haber llegado a un sitio que tal vez, sin saber, andaba buscando…

En las alturas… despojado… sin testigos que den cuenta de lo que allí, al fin, ha encontrado: otros ojos… otra mirada…

Una con la cual, lucidamente, interroga los silencios de esta ciudad esquiva, le pregunta…

Si esas inmensas torres que en su seno alberga, no son acaso la evidencia de un gran fracaso: la perdida de identidad, el desconocimiento, el no-lugar donde quedamos atrapados.

(PAUSA.)

Si esos muros que nos rodean para “protegernos” de los “de afuera” no son tal vez  los puentes que no tendimos, las manos que no supimos abrir en su momento, los abrazos que no dimos.

Nuestra soberbia alzada como defensa, como blindaje de todo lo que puede llegar a afectarnos.

(PAUSA.)

Si esos hospitales enormes que un día levantamos para curar, no son ahora los sitios grises y abandonados donde hoy nos humillan hasta degradarnos.

(PAUSA.)

Si esos hospicios mugrientos no se han convertido en las nuevas celdas donde encerramos a todos los que no aceptan esta nueva realidad como única.

El lugar sórdido donde silenciamos las voces que no queremos oir, los tachos de basura donde ocultamos el desquicio que cotidianamente  provocamos.

(PAUSA.)

¿En que se han transformados nuestras escuelas sino en sitios donde les enseñamos a nuestro niños a que obedezcan?

(PAUSA.)

¿En que nuestras universidades sino en lugares agónicos donde nos moldean para volvernos funcionales al poder de turno?

(PAUSA.)

¿Qué de nuestros creadores e intelectuales atravesados por las ansias de poder, devenidos ahora en forjadores de los nuevos espacios de vaciamiento, de la definitiva disociación entre el acto y la palabra?
(PAUSA.)

¿Qué futuro podemos vislumbrar si depositamos a nuestros ancianos en lugares oscuros, castigándolos por “inútiles”, por haberse vuelto “una carga” a nuestra forma de vida?

(PAUSA.)

¿Dónde estamos parados? ¿Sobre qué cimientos? ¿Qué se esta apoderando de nosotros?

(PAUSA.)

¿O acaso este edificio inconcluso no es también el país perdido, nuestra historia, aquello que pudo haber sido y no fue?

(RECOGIENDO UN PUÑADO DE POLVO.)

Si este polvo que se escurre entre mis dedos no es tal vez, el sueño que anhelamos, la gran casa que quisimos construir y sin embargo, demolidos.

Piedra por piedra. Hueso por hueso. Vencido por vencido.

(PAUSA. GIRANDO.)

Si toda esta destrucción que nos acecha no son el resultado de múltiples derrotas, de interminables codicias… de un tremendo mal de origen:

¡Pretender fundar los cimientos de una nueva civilización sobre el exterminio de otra!

(PAUSA.)

Ella, elevándose, en medio de las ruinas, les pregunta…

Si no somos cómplices de esta “enfermedad civilizatoria”, de este sistema que día a día, nos mutila.

¡Si no es posible decir… ¡Basta!

Vislumbrar otro rumbo… elegir otro camino…

(TOMANDO LOS GLOBOS EN SUS MANOS.)

Ella, como una náufraga sobre una balsa de cemento, no se resigna…

Nada le parece inevitable.

(AGITANDO LOS GLOBOS.)

Por eso, hace señales, agita colores, inventa en medio de la noche…un arco iris…

Alberga la esperanza de que otros, que ya no pertenecen a nada…. la vean.

Otros, que aún no conoce, quizás, la necesiten.