por Mireya Dávila Brito
¿Cómo se han vivido otros encierros, por otros motivos, en otros momentos de la historia? En ocasión del COVID-19 y el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio decretado en los países del mundo (unos con más restricciones que otros), traemos experiencias sociales de confinamiento en el primer hospital psiquiátrico de la ciudad de Buenos Aires de alcance nacional.

De dementes a alienadas

Creado en 1854 en los antiguos terrenos de la Convalecencia (barrio de Barracas), el Hospital de Mujeres Dementes fue administrado por la Sociedad de Beneficencia provincial y en 1880 fue nacionalizado para llamarse Hospital Nacional de Alienadas (actual Hospital Braulio Moyano). Se mantuvo bajo la órbita del brazo asistencial del Estado argentino, dirigido por las mujeres socias de la beneficencia pública de la Capital hasta 1943.
Al manicomio ingresaban cientos de mujeres provenientes, en su mayoría, de la ciudad de Buenos Aires. Allí, catalogadas como “dementes”, permanecían internadas. Pero, ¿cómo se entendía el encierro en la década de 1930? ¿Era igual la perspectiva de los médicos, las socias, la policía o de las mismas “locas”?

La función social del encierro

La función social del manicomio era entendida de manera distinta por las/os agentes sociales que intervenían en el hospicio. Para las matronas de la beneficencia pública, el manicomio era un campo político para ejercer la tutela de mujeres pobres y trabajadoras que requerían el auxilio y la caridad. Los sentidos sobre la filantropía estaban latentes desde sus inicios en el siglo XIX. No era menos cierto que la gran mayoría de las confinadas provenían de las clases sociales bajas. Menos era el número de pensionistas (aquellas que pagaban un importe por su estadía en el hospital) que por lo general, tenían parientes o redes de apoyo.
Para los psiquiatras que bregaban por un espacio científico, el hospital se movía entre la función de asilar y la función de curar. Sin embargo las expectativas y aspiraciones políticas de la corporación médica fueron discutidas y disputadas, no solo por las socias que asilaban y tutelaban a las mujeres pobres sino también por otras instituciones como por ejemplo la policía (que levantaba de la calle a las mujeres asumidas locas por vecinas/os y por las autoridades) que castigaban las contravenciones sociales vigentes como la mendicidad y la vagancia.
En el caso de los parientes, muchos aducían no poder mantenerlas en el hogar por tornarse peligrosas y agresivas.
Sin embargo para las propias mujeres consideradas locas, las experiencias de encierro estaban relacionadas directamente con las expectativas o imposibilidades de cura y, en ciertos casos, con el impedimento de trabajar, ocuparse y ganarse la vida.

Pobreza, exclusión y enfermedad

A inicios de la década del '30, en el contexto de depresión económica y sus efectos en la desocupación y caída de salarios, fueron internadas mujeres en estado de indigencia y trabajadoras sin empleo remunerado. En otras palabras, pobreza, miseria, exclusión social y enfermedad mental fueron factores que se interrelacionaban en la función de recluir y aislar a las sujetas.
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*La nota está basada en los trabajos de historia social en perspectiva de género:
- Valeria Silvina Pita. La casa de las locas. Una historia social del Hospital de Mujeres Dementes. Buenos Aires, 1852-1890, Rosario, Prohistoria Ediciones, 2012, pp. 219
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“El policía, el juez, la familia y el posadero o coìmo algunos portenÞos entendieron de demencias y locuras. Buenos Aires, 1870- 1890”, Trashumante. Revista Americana de Historia Social 5, 2015, pp. 84-102. Disponible en: https://revistas.udea.edu.co/index.php/trashumante/article/view/21696/17881
- Mireya Dávila Brito (2020). Experiencias sociales de mujeres internadas en el Hospital Nacional de Alienadas (Buenos Aires, 1925-1935). Trabajo en elaboración para obtener la maestría en Historia Contemporánea, Universidad Nacional de General Sarmiento.