Por: Aurelio García
Iustracion: Carlos Pérez Turco

Nota aclaratoria antes de comenzar a leer.
Estimadx lector/ra: esta historia sucedió hace 75 años. Cualquier parecido con hechos y personas de la actualidad, se debe a que tenemos mucha imaginación.... o ¡contamos con mayor información!
Ahora si, podemos comenzar.

¿QUIÉN FUE MERCANTE?

Domingo Alfredo Mercante fue un militar y político argentino que se destacó por ser uno de los creadores del peronismo, organizador de las movilizaciones obreras que concluyeron el 17 de octubre de 1945 con la liberación de Juan Domingo Perón y que, desde la función pública, demostró una gran capacidad de gestión.

Nació en la Ciudad de Buenos Aires el 11 de junio de 1898. Se educó en el Colegio Militar de la Nación. Estuvo activo en las filas del Ejército Argentino desde 1916. Gobernador de la Provincia de Buenos Aires desde 1946 hasta 1952. Presidente de la Convención Nacional Constituyente de 1949. Falleció el 21 de febrero de 1976 en Montevideo, República Oriental del Uruguay.

Hay muchas maneras de acercarse a la historia y a sus personajes. Una, es aceptar que se trata de hechos protagonizados por seres humanos que, más allá de la trascendencia de sus actos, tenían las mismas emociones y sentimientos que todos nosotros.

Los juicios de valor (que siempre son relativos) en todo caso, deberían relacionarse con sus actos públicos y con sus gestas. Pero debería respetarse siempre el patriotismo personalísimo de los actores históricos.

Guerreros, líderes políticos, descubridores, escritores, todos, han amado, odiado, temido, traicionado, sufrido y gozado.

Precisamente esa intransferible condición humana los hace más cercanos, más próximos. Y nos ayuda a entenderlos y a aceptarlos.

EL CORAZÓN DE PERÓN

El 21 de febrero de 1976 fallecía en Montevideo el Coronel Domingo Alfredo Mercante, a quien Evita llamara “El corazón de Perón”. Menos de dos años antes, el 1 de julio de 1974, el otro, el músculo cardíaco del General, había dejado de latir. Fue entonces que concurrió al velorio que se realizaba en el Salón de Honor del Congreso Nacional a despedir a su antiguo camarada y amigo.
Se habían conocido 40 años antes durante un curso en la escuela de suboficiales donde ambos eran profesores y desde el reencuentro en la Inspección de las Tropas de Montaña que dirigía el General Farrell, fueron inseparables, hasta su distanciamiento, que no pocos analistas, lo consideran uno de los hechos más trágicos de la historia del peronismo.

Ambos participaron en la creación del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) – Mercante con el Nro. 1; Perón con el 19 – organización militar que impulsará a Edelmiro J. Farrell a la Presidencia y catapultará a Perón a los primeros planos en la política nacional. “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo” dijo Arquímedes explicando la potencia de la palanca. Para Perón, esa palanca fue primero el GOU y luego el Departamento del Trabajo que convirtió en Secretaría de Trabajo y Previsión, donde fue secundado por Mercante en la Dirección Nacional de Trabajo y Acción Social. Ésta, y la trayectoria sindical de su padre en el gremio ferroviario, fueron las palancas de Mercante, quien tejerá la red de relaciones de los coroneles revolucionarios con sectores significativos del movimiento obrero, encabezados por el mercantil socialista Ángel Borlenghi y el abogado de la Unión Ferroviaria Juan Atilio Bramuglia.

LAS CONDICIONES DE PERÓN

Es también el autor de la “salida política” que permite la continuidad de la experiencia nacionalista iniciada en 1943 que consistió en: Liberación de Perón, seguida de su renuncia a todos los cargos que ejercía dentro del gobierno, llamado a elecciones para febrero de 1946 y respetar su candidatura a la Presidencia. A cambio, Farrell se comprometía a sancionar: Estatización del Banco Central, Nacionalización de los depósitos bancarios y creación del Instituto Argentino de Promoción e Intercambio, IAPI, que daba al Estado el monopolio del comercio exterior, las que fueron sancionadas entre el 24 de febrero (cuando Perón gana las elecciones) y el 4 de junio de 1946 (cuando asume la Presidencia).

Entretanto, una semana después del 17 de Octubre, los sindicalistas afines crean el Partido Laborista que presidía el telefónico Luis Gay, secundado por Cipriano Reyes y dirigentes de la mayoría de los gremios. Las primeras divergencias surgen cuando Gay que era candidato a senador por la capital, es reemplazado por el marino Alberto Teisaire. Mercante, a quien los Laboristas proponían para la Vice-Presidencia, debió dejar su lugar al radical Hortensio Quijano. Los partidos que apoyaron la fórmula PERON-QUIJANO fueron el Laborista (80% de los votos), la Junta Renovadora (escisión del radicalismo) y el Partido Independiente (una fracción del conservadurismo). Desde la Junta Nacional de Coordinación Política, Bramuglia cerró la primera grieta provocada por las nominaciones de Teisaire y Quijano. Para gobernar la Provincia de Buenos Aires, los laboristas proponen a Mercante, quién acepta dicha nominación.

UN GOBERNADOR QUE DEJARÁ HUELLA

La gestión de Mercante al frente de la mayor de las provincias argentinas merece ser estudiada y reivindicada. Por la monumental obra pública, por la transparencia contable y por su talante democrático, la suya fue una gestión impecable. Los primeros tres años de su gobierno, a través del Plan Trienal, la provincia fue un hervidero de obras públicas.

“No hay revolución perdurable sino en cuanto se proyecta hacia lo futuro mediante una educación inspirada en la nueva concepción del hombre, de la vida y del orden social”, pensaba Mercante.
Durante su mandato: se construyó el Hotel Provincial de Mar del Plata; el Instituto tecnológico del Sur (ahora Universidad Nacional del Sur) en Bahía Blanca; La República de los Niños en Gonnet, considerado el mayor Emprendimiento Infantil de Latinoamérica; el Sistema Interconectado de Energía en Mercedes, Alberti, Suipacha, Bragado y Chivilcoy; la Usina Eléctrica de Bahía Blanca y el Viaducto Sarandí; el Complejo Turístico de Chapadmalal; el Primer Festival Cinematográfico de Mar del Plata cuyo Director fue Enrique Telémaco Susini (autor de la primera transmisión de radio de la Argentina); la Expropiación del actual Parque Pereyra Iraola; distribuyó 130 mil hectáreas expropiadas a grandes terratenientes entre pequeños productores.

Inauguró 1609 escuelas nuevas; además de las miles que refaccionó; Organizó el Sistema Preescolar, creó Jardines y Escuelas de Formación de Maestras Jardineras;. Construyó 146 barrios obreros que los beneficiarios abonaron con planes ajustados a sus posibilidades económicas; Creó la primera escuela de enfermeros paracaidistas del país; Construyó la Casa de la Provincia de Buenos Aires en la avenida Callao 237; Erradicó el vaciadero de basura de Villa Domínico, Avellaneda;

Ademas hizo caminos (La Plata-Punta Lara; General Rodríguez-Pilar; Chascomús-Magdalena; Moreno-San Miguel; Coronel Suárez-Las Colonias; Ayacucho-Las Armas-General Madariaga; Villa Elisa-Punta Lara; San Andrés de Giles-San Antonio de Areco; Saladillo-25 de Mayo; Olavarría-Hinojo; Juárez-Tandil; Capilla del Señor-Ruta 8 y el Primer Camino Isleño) y pavimentó miles de calles (entre ellas la Avenida Pavón desde Avellaneda hasta la entonces ruta nacional, hoy provincial, 210.

Y algunos datos más para agregar: construyó 59 aeródromos; la Planta de tratamiento de agua para La Plata, Berisso y Ensenada; creó la Escuela de Policía “Juan Vucetich” y la Escuela Superior de Policía; edificó el Sanatorio Marítimo de Necochea; logró el regadío de 50.000 hectáreas en Villarino con el Canal de Riego Unificador; construyó e inauguró Estaciones de Ferrocarril, Centros Polivalentes, Unidades Sanitarias, Bibliotecas y Redes Cloacales.

Mercante supo reorganizar el Estado y revolucionar la obra de gobierno basándose en un gabinete que integraban los Forjistas Miguel López Francés en Hacienda y Julio César Avanza en Educación, como así también, Ministros jóvenes que oscilaban entre 30 y 35 años. Contó además con dos incorporaciones de enorme significación y trascendencia: el fundador de FORJA, Arturo Jauretche al frente del Banco Provincia y al joven y brillante abogado Arturo Sampay, como Fiscal de Estado, proveniente del socialcristianismo.

Los frutos de la obra de Mercante en la provincia se vieron reflejados dos años después, cuando encabezando la lista de Diputados Constituyentes, obtuvo un aplastante 65% de los votos contra el 28% de la UCR. Naturalmente, fue elegido para presidir la convención que sancionaría una de las Constituciones más progresistas de la época. No puede dejar de mencionarse, que fue Reelecto para el período 1950-1952, con más del 63% de los votos. Ese sería el momento culminante de su carrera política, que se opacaría poco tiempo después.

LA CONSTITUCIÓN DE 1949

Mercante, presidió la Convención Constituyente que, tras celebrar su reunión preparatoria el 24 de enero de 1949, sesionó todo el mes de febrero y aprobó un nuevo texto el 11 de marzo, jurándose cinco días después.

Si bien la voz cantante la llevó el fiscal de Estado Arturo Sampay, considerado el padre del constitucionalismo social argentino, el rol de Mercante no fue decorativo. No sólo se entrevistó con Perón para convencerlo de las virtudes del artículo 40, que había redactado junto a José Luis Torres, Jorge Del Río, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, Arturo Sampay, entre otros. Dicho artículo establecía: el Monopolio Estatal del Comercio Exterior; la Propiedad inalienable de la Nación sobre el subsuelo y las fuentes energéticas; la obligación del Estado de prestar los servicios de forma directa; estableciendo un cálculo indemnizatorio por expropiación de empresas de servicios públicos que, inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, computaba como amortización los excedentes obtenidos por sobre una ganancia razonable.

Perón nunca quedó convencido de los beneficios que reportaría ese incómodo artículo. Preveía recurrir a la inversión extranjera para lograr el autoabastecimiento. El tiempo demostró que no le faltaba razón. Complicó las negociaciones con la California Oil Company para la exploración de yacimientos petroleros y fue usado como argumento por quiénes no lo habían votado –como el oportunista Frondizi – y todo el radicalismo.

Esta Constitución, la más moderna y votada de la historia argentina, fue anulada por el Golpe de Estado de 1955 que anunció que “no habría vencedores ni vencidos”; siguió con persecuciones ideológicas; despidos de empleados públicos; encarcelamiento de dirigentes políticos, sindicales y artistas; ató al País a las políticas del FMI reiniciando un proceso de endeudamiento; lenta y sistemática destrucción de la industria nacional; la extranjerización de la economía y un ciclo de violencia que ensangrentaría al país durante los siguientes 28 años. El artículo 40 y la propia Constitución Nacional, no lograron impedir nada.

PARA TENER EN CUENTA

Norberto Galasso, da cuenta de una versión según la cual, al día siguiente de la última reunión con Sampay y Mercante, Perón envía al Congreso a su Secretario Juan Duarte con la orden de suspender el tratamiento del artículo 40. Casual o intencionadamente, Duarte es demorado en la entrada y Sampay apura el tratamiento del proyecto que habría contado con el visto bueno de Mercante.

Es posible que esto haya ocurrido y que algunos lo calificaran como un acto desleal de Mercante, pero es dudoso que Perón adhiera a esa sospecha, ya que el punto que mayor roce creó con la oposición –la reelección presidencial – que podía disgustar a Mercante que era considerado como el seguro sucesor de Perón, éste, una vez más, demostró su constante LEALTAD a su Amigo y a sus Ideas al ser el promotor del artículo 78 que autorizaba la reelección presidencial.

La prueba que la amistad seguía incólume se vería un año después, cuando Mercante se presenta a elecciones para completar el período de seis años de gobierno que establecía la nueva Constitución, Eva Perón participaría activamente en la campaña y junto a Perón presidirían el acto de cierre realizado en Avellaneda.

Debe observarse, que Perón y su viejo amigo y colaborador habían tenido serias diferencias. De acuerdo a la ley de estatización del Banco Central y la nacionalización de los depósitos bancarios, los bancos privados y provinciales quedaban bajo el control del Central, por ser una empresa mixta (integrada por capitales privados y del estado provincial) el Banco Provincia sería una sociedad anónima sujeta a las mismas limitaciones que el resto de la banca. A lo que Mercante se opuso; si la provincia de Buenos Aires no podía decidir sobre su propio banco, no existía autonomía provincial.

El Estado Nacional ante la firmeza y los argumentos de la Provincia, mediante un decreto del Poder Ejecutivo reconoció que el banco no era mixto sino que pertenecía a la provincia de Buenos Aires, tras lo cual Mercante designó a Arturo Jauretche en la Presidencia del Directorio.

PIEDRAS EN EL ZAPATO

La década del 50 comenzaba plagada de negros presagios. En el plano político, una oposición cada día más cerril desconocía a la nueva Constitución y se volcaba a una conspiración con los sectores más retrógrados de ejército. Comenzaban los preparativos para los primeros actos terroristas. Los encuentros entre el radical Arturo Frondizi, el socialista Américo Ghioldi, el demo-progresista Horacio Thedy, el conservador Reynaldo Pastor, junto a los militares Julio Alsogaray, Tomás Sánchez de Bustamante y Alejandro Agustín Lanusse, darían sus frutos en septiembre de 1951, con el fallido alzamiento del general Benjamín Menéndez.

En 1950, además, comenzaría una prolongada huelga ferroviaria, convocada por organizaciones de enlace al margen de la dirigencia gremial, que por su masividad y alto acatamiento, fue sofocada un año y medio después al decretarse la militarización de los trabajadores del sector. Este conflicto con un gremio de vieja tradición de lucha, cuya “lealtad peronista” no estaba en cuestión, revela que la consolidación del peronismo de ningún modo implicaba la desmovilización de los trabajadores, sino la cristalización de una burocracia interna más en sintonía con los deseos de la cúspide, que con las exigencias de la base.

LA CAIDA DE LOS PRECIOS

El caldo de cultivo de esta conflictividad política y social, desatará la crisis económica provocada por dos factores: la brutal caída del precio internacional de cereales y oleaginosas, y por la prolongada sequía que disminuyó las cosechas, que hubiera arruinado a miles de productores, de no ser por el siempre denostado IAPI, que monopolizaba el comercio de importación y exportación.

El Estado se había apropiado de la renta extraordinaria generada por la producción agrícola de la pampa húmeda, volcándola al fomento de la industria. Al concentrar la comercialización de granos, Perón tenía la esperanza de influir decisivamente en el precio internacional, tal como décadas después, harían los países petroleros con la creación de la OPEP.

El IAPI pasó a subsidiar a los productores rurales, evitando su quiebra. La concurrencia de estos factores agudizó un problema estructural de la economía argentina, originado en el desigual desarrollo entre el agro y la industria, y la recurrente restricción de divisas en cada oportunidad que el país pretende desarrollarse industrialmente.

Es bueno tener presente que nuestra industria es víctima de cuatro subdesarrollos: el tecnológico; el de un mercado de escala relativamente pequeña; el de inversión; y el ideológico-cultural, debido al cual no ha surgido jamás en la historia argentina una clase verdaderamente comprometida con el desarrollo industrial. De ahí el rol que, en cada período industrializador, ha tenido el Estado (en forma directa por medio de Fabricaciones Militares o del IAME), en la investigación tecnológica, la protección económica a la pequeña industria y la gran inversión, por lo general dilapidada por los gobiernos posteriores, como fue el caso de Somisa y Altos Hornos Zapla antes, y más recientemente de las Centrales Nucleares y de Arsat, por dar un par de ejemplos.

LOS DOS CAMINOS

El subdesarrollo de la escala y el mercado necesarios para la creación de una industria competitiva, obliga a la protección arancelaria, subsidio de insumos (por ejemplo, los energéticos), créditos a tasas muy bajas, creación de vastas obras de infraestructura y fomento de las exportaciones, debiéndose tener en cuenta que, debido al atraso tecnológico, el incremento de la actividad industrial obliga a aumentar las importaciones, sin que las exportaciones industriales todavía compensen esa sangría de divisas.

Se trata de una compleja arquitectura que cruje cuando se desploma el precio de los commodities y se agrava cuando coincide con una crisis económica internacional que cierra los mercados y provoca altos excedentes de producción de las economías más desarrolladas. Las opciones en esta disyuntiva son dos: persistir en el proceso industrializador acentuando las medidas proteccionistas y fomentando el mantenimiento de empleos y salarios dignos, o abandonarlo, con el consiguiente descalabro social, recurriendo al endeudamiento externo para financiar la fuga de divisas, que históricamente, ha significado el inicio de un círculo vicioso de difícil salida.

Perón optó por el ensayo industrialista al fomentar el desarrollo y la investigación tecnológica, el autoabastecimiento energético, la protección industrial, la búsqueda de un mercado interno de mayor envergadura mediante la integración continental, el control de precios, el aumento de la productividad, la reducción de la conflictividad social y el silenciamiento de la oposición.

Las consecuencias políticas serían; la verticalización de las fuerzas propias, la exacerbación del personalismo y la cristalización alrededor de su figura de una elite parasitaria, adulona, autoerigida en custodiar ortodoxia de un proyecto del cual era ajena y que no hizo más que acentuar las consecuencias negativas de la construcción política, a la que Perón se vio –o se creyó – obligado.
Domingo Mercante sería una de las más emblemáticas víctimas propiciadas por esa corte. Pero no la única.

LA ERA DE HIELO

El endurecimiento de las relaciones con la oposición, el disciplinamiento y verticalización de las fuerzas propias, la acentuación de las tendencias autocráticas y personalistas, la conformación de un séquito servil a la manera de una casta sacerdotal, intérprete de de su voluntad y su palabra, generaron el recrudecimiento del accionar de la oposición política, las dificultades económicas provocadas por la crisis externa y el bloqueo a que era sometido el país por parte del gobierno estadounidense.

Como siempre, todo problema se puede agravar o atenuar de acuerdo al contexto que, en este caso, era la sucesión presidencial. El primer escollo había sido superado por la nueva Constitución en la que, como hemos visto, el gobernador bonaerense había tenido destacada actuación, por el artículo 78 Perón podía ser reelecto , al frente del Poder Ejecutivo, alejando así los fantasmas de una segura crisis política al interior del movimiento peronista. Sin embargo, sin llegar a la profundidad que ésta habría tenido, la nominación de Quijano como su compañero de fórmula,-en la que hasta poco antes el popular gobernador habría sido “número puesto” – provocaría un tembladeral dentro del oficialismo.

NOS SOBRAN LOS MOTIVOS

Existen varias teorías que intentan explicar el distanciamiento entre tan estrechos amigos. Hay quienes sostienen que su autonomía como así también la popularidad exhibida por el gobernador tanto entre las bases peronistas como entre una oposición que, sincera o calculadamente, no cesaban de elogiarlo, tenían que despertar los recelos del presidente.
En tanto, otros culpan a la sanción, contrariando los deseos de Perón, del artículo 40 de la nueva Constitución, y no faltaron quienes –muy interesadamente a fin de librarse de un rival interno tan peligroso – responsabilizaron a Mercante por la extensión y profundidad de las huelgas de la Unión Ferroviaria entre 1950 y 1951, gremio con el que estaba históricamente relacionado y del cual su padre, fue un importante dirigente sindical.

EL RENUNCIAMIENTO Y SUS CONSECUENCIAS

Los sindicalistas José Espejo, Armando Cabo, Isaías Santín, Florencio Soto – conocidos como “Los Mosqueteros de Evita” – querían que la vicepresidencia fuera ocupada por la Abanderada de los Humildes, luego del presidente, la personalidad más influyente del momento. La proclama de la candidatura de Evita a la vicepresidencia por parte de la CGT, inquietó a los círculos militares.
Pero no se trató solo de la oposición militar. Colocar a Evita en primer lugar de la línea sucesoria, tenía un alto valor simbólico, pero escasa utilidad práctica y resultaba contraproducente, por cuanto el poder y la libertad de acción que tenía al frente de la Fundación, era sensiblemente mayor al que tendría en la Presidencia del Senado, donde debía someterse a obligaciones burocráticas. Es decir, la ganancia sería escasa y los costos, demasiado altos.

Las razones que llevaron al renunciamiento de Evita pueden ser muchas y siguen siendo en realidad, tan misteriosas como las que provocaron el distanciamiento entre Perón y Mercante, pero resultó un contundente mensaje hacia el interior del movimiento peronista, si nada menos que la Abanderada de los Humildes debió dar un paso al costado, quedaba claro que ya no había lugar para el disenso y las construcciones independientes de la voluntad de la conducción y su círculo más íntimo.

DISPAREN CONTRA MERCANTE

El disciplinamiento tiene lugar en forma acelerada y, en el caso de Mercante, el nuevo gobernador Carlos Aloé dispone el desplazamiento de la administración de todos los funcionarios de Mercante, intenta a toda costa borrar de la memoria colectiva la obra de su predecesor, censura su imagen y su nombre de la prensa oficial y hace arrancar de más de 1600 escuelas la fecha de inauguración y toda referencia al gobierno durante el cual se habían construido.

En una suerte de amarga “justicia poética”, el propio Aloé, “El Peroncito”, “El burro bonaerense”, “El que no sabía dibujar una O con un vaso”, se convertiría, en uno de los funcionarios más difamados, víctima de injustas y crueles descalificaciones, repetidas alegremente por la oposición, nacidas de la poderosa subsecretaría de Prensa y Difusión que conducía Raúl Alejandro Apold.
En 1953, un tribunal presidido por el almirante Alberto Teisaire decidió la expulsión de Mercante del propio partido que con tanto tesón había contribuido a crear.

UN NUEVO COMIENZO

El desplazamiento y posterior expulsión en 1953 del partido peronista de Domingo Mercante, constituyó un símbolo del proceso de declinación que sufriría el gobierno presidido por Perón durante su segundo mandato.

Con Mercante, salían del gobierno y de la actividad política – al tiempo que otros acentuarían su ostracismo – viejos y nuevos luchadores, como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, José Luis Torres, Arturo Sampay, Francisco José Capelli, Juan José Hernández Arregui, “Los mosqueteros de Evita” José Espejo, Isaías Santín, Armando Cabo y Florencio Soto. A la persecución judicial sobre Miguel López Francés y Julio César Avanza, se sumó el sectarismo y autoritarismo contra intelectuales tan emblemáticos como José María Rosa - raleado de la Universidad por negarse a afiliar al Partido Peronista – o Leopoldo Marechal – debido a su irregular situación matrimonial – llegándose al desplazamiento y salida del país, aun contra la voluntad del presidente, del más notable de los ministros de Perón, el neurocirujano Ramón Carrillo. El artífice de la constitución Arturo Sampay debió escapar del país disfrazado de sacerdote católico.

Al igual que los arriba mencionados, Mercante guardó silencio y se recluyó en la actividad privada, rehusándose a hacer el caldo gordo a una contrarrevolución que mostraba los dientes y afilaba sus cuchillos. Que la restauración conservadora no tendría lugar por vías pacíficas o electorales daría cuenta el resultado de la elección del vicepresidente que debía reemplazar al fallecido Quijano, con un 63% de los votos resultaría electo el melifluo y poco conocido Tesaire. Nadie podía imaginar cuántos votos habría sacado Perón de haberse presentado como candidato a vicepresidente de sí mismo.

FACTOR DE UNIDAD NACIONAL

Si la expulsión de Mercante fue un símbolo de la declinación del gobierno peronista, no menos simbólico resultó el encumbramiento de un personaje tan nefasto como Teisaire. Luego de producido el golpe de 1955, Mercante, que no necesitaba darle tiempo al nuevo gobierno para conocer su catadura y que no había ocupado cargo alguno en los tres años anteriores, salió del país buscando refugio en Uruguay, en tanto Teisaire se presentaba espontáneamente ante las nuevas autoridades para acusar a Perón de los mayores crímenes y abusos.

A diferencia de la actual, aquella sociedad argentina todavía conservaba cierta capacidad de repugnancia, y el súbito travestismo político de uno de los jerarcas del gobierno depuesto provocó la repulsa general. Teisaire se convirtió, sin quererlo, en un factor de unidad entre peronistas y antiperonistas, que no podían ponerse de acuerdo en nada, excepto en repudiar a tan ruin personaje.

Con el exilio de Perón, la anulación de la Constitución, el avasallamiento de las conquistas sociales, la persecución política y la prisión de miles de activistas, comenzó un lento proceso de resistencia y reconstrucción del movimiento peronista en el que tuvieron especial papel nuevos cuadros y activistas políticos y sindicales y, no casualmente, los viejos militantes desplazados por los muchos Tesaires que habían medrado y seguirán medrando entre los pliegues de un movimiento de tamaña envergadura.

LA CULPA ERA DE PERÓN

Junto a la convicción de que el “ciclo de Perón” había llegado a su fin, había general consenso entre los núcleos dirigentes en que las tendencias personalistas del conductor junto al desacierto que había mostrado en la elección de sus últimos colaboradores, por lo general reclutados entre los adulones, hacían necesaria la organización e institucionalidad del movimiento. Nacía así el “peronismo sin Perón”, representado en un primer ensayo por el ex canciller Bramuglia (creador del partido Unión Popular), un neoperonismo que pronto se revelaría funcional, pero no a la institucionalización del peronismo, sino a la del régimen de la restauración conservadora.

Por su parte, por iniciativa de Francisco José Capelli, los antiguos militantes de FORJA – que habían formado parte del círculo “mercantista” y habían sido expulsados durante las grotescas “purgas” de Teisaire -, sumamente críticos a lo que consideraban la megalomanía del ex presidente, planeaban la reorganización partidaria en base a la figura de Perón.

Más allá de su astucia e innegable capacidad, la tremenda fortaleza de Perón para imponer su voluntad tanto sobre sus enemigos como sobre sus amigos, radicaba en su popularidad y la certeza de que la acción de gobierno de sus sucesores no haría más que acrecentar la estima de la suya en la memoria de los argentinos.

Mercante, por su parte, se mantenía en silencio y alejado de cualquier tejemaneje político, limitándose a prestar su último servicio a Perón, quien le pedirá, desde Caracas, que sondee la opinión de los dirigentes peronistas en relación a un eventual acuerdo electoral con Frondizi. Pero nunca más volvieron a verse hasta la lluviosa tarde de julio de 1974 en que, ya anciano, Domingo Mercante se presentó en el Hall de Honor del Congreso para despedir a su viejo amigo y compañero.

Siempre, en todo proceso, habrá personas de la integridad de Mercante, despreciables oportunistas con Teisaire y líderes que, como Perón, más allá de sus errores, miserias y pequeñeces, harán de la lealtad a su Pueblo una vocación y una conducta, granjeándose la gratitud y simpatía de los sectores populares.

En cualquier caso, en todos los tiempos se cuecen, se han cocido y se seguirán cociendo casi las mismas habas.

*Este escrito fue realizado tomando nota, en gran parte, de: Teodoro Boot (el corazón de Perón); con agregados de Claudio Altamirano (Tiempo Argentino ) y de Julio Lagos (Pájaro Rojo).