Por Mireya Dávila Brito

Cuando las obreras organizadas tomaron las calles de Nueva York para protestar contra la explotación laboral a inicios del siglo XX, realizaban largas jornadas con un promedio de catorce horas diarias en la industria textil, el tiempo de descanso era muy corto y ganaban por debajo del salario de los obreros. El lugar de trabajo era incómodo y con escasa ventilación. Al manejar una máquina, podían sufrir mutilaciones de dedos y manos, accidentes que no eran indemnizados por el patrón.

Algunos comentarios sobre la experiencia transitada en el viaje (los viajes), a través de la lectura veraniega de "INDIOS, PORTEÑOS y DIOSES".

Febrero nos encontró leyendo a Rodolfo Kusch, o mejor dicho leyendo con Rodolfo Kusch. Eso hicimos: armamos un territorio común para estar y pensar juntxs. Lo invitamos a la mesa para conversar, para resonar con sus ideas. Lo incorporamos a la ronda donde ademas de la palabra, circuló el mate y las galletitas. Le concedimos el habla y lo escuchamos en la voz de algún compañero o compañera que narró en voz alta; compartimos con él nuestras reflexiones, lo interpelamos, lo interrogamos y lo volvimos a escuchar.

La velocidad y la densidad de los flujos de información parecen introyectar en nosotrxs la exigencia de tener siempre una opinión para decir. Las redes nos invitan constantemente a postear, tuitear, retuitear, elaborar inmediatas opiniones sobre todo lo que sucede a nuestro alrededor. No importa tanto lo que se diga sino que se diga rápido, antes que sea tarde, antes que sea viejo, antes que caduque la novedad. ¿Qué valor tiene la palabra en nuestras modernas sociedades? ¿Nos damos espacios para elaborar nuestras opiniones, nos damos la liberad de llamarnos a silencio cuando creemos que nuestra palabra ya no agrega nada al asunto?

¿Qué tanto de nosotrxs deja ver el rostro? ¿Realmente somos nuestro rostro?¿Podríamos afirmarnos sin la necesidad de estar pegados a él? ¿Es posible fisurar el orden de rostridad que nos han impuesto y encontrar allí líneas de fuga que permitan liberarnos de las significancias y totalizaciones de sentido a las que el rostro fue y es sometido?

Tener una visión integral y completa de la economía es importante para diagnosticar posibles desbalances antes de que ocurran y lograr soluciones anticipadas mediante la política. Las personas, sobre todo los economistas, se concentran en diferentes teorías, modelos y corrientes económicas que actúan como “lentes” para comprender mejor el comportamiento de la economía y sus agentes, para de esa manera, poder predecir sus auges y caídas.

Cierre del ciclo 2019 de los talleres del Foro de Pensamiento Crítico

“Este año hemos compartido algunos rituales y saberes que nos acercan al paisaje de la chichería, ese lugar mágico donde soñamos con lo posible y nos despojamos de prejuicios y estereotipos, ese cálido recoveco que nos permite volver a encontrarnos con nuestro buen vivir desde el pensamiento, la historia y la economía”.

Por: Adriana Zambrini

Cuando los colonizadores (franceses, españoles, holandeses...) llegaron a Amerindia utilizaron un mecanismo que a lo largo de los años se perfeccionó con inusual maestría. Parecían tener claro que el poder más eficaz para dominar era apoderarse del mundo imaginario de los pueblos originarios. Los mismos conquistadores habían sido moldeados por estos mecanismos arcaicos a través de las diferentes iglesias. Era cuestión de apropiarse del mundo de las creencias, del lenguaje, de los ritos y de los íconos que protegían del miedo fundacional al abismo del caos.